Transformados para servir

3ra. Semana de Agosto de 2008

 

ROMANOS 12:1-8

Deberes cristianos

 

1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,
5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.
6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;
8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

 

renueva tu menteEl capítulo 12 inicia la tercera División de Romanos, la cual es eminentemente práctica. Nuestra respuesta consecuente a las misericordias de Dios se debe expresar de manera práctica. El que hayamos sido justificados debe evidenciarse en nuestro caminar mediante un estilo de vida justo, recto, santo y piadoso. Y la primera expresión de esto es presentar nuestros cuerpos a Él en sacrificio vivo. Esto nos habla de someter nuestro cuerpo bajo el control del Espíritu.

Todo lo aprendido con respecto a la justificación y santificación debe ahora ser aplicado. Entre lo doctrinal y lo práctico se encuentra una clave fundamental: la renovación de nuestras mentes. Primero viene el entendimiento; luego, la acción.

Cuando nacemos de nuevo, nuestro espíritu es regenerado. Somos cambiados por dentro, sin embargo, el alma y el cuerpo no cambian en ese momento. La primera cosa que el creyente debe hacer en su vida cristiana es renovar su mente por medio de la meditación y el estudio diligente de la Palabra de Dios. Si no dejamos que el agua de la Palabra nos limpie de nuestra pasada manera de pensar, entonces estos antiguos patrones mentales mundanos nos dominarán y viviremos como cuando estábamos bajo el dominio de Satanás.

Fuimos entrenados bajo el sistema social mundial que está gobernado y encabezado por Satanás. Por lo tanto, mediante el estudio de la verdad seremos limpiados de toda mentira y falsificación que hemos abrazado por años. La mentalidad subdesarrollada, paupérrima, negativa, escasa, pesimista, mediocre, informal y de derrota debe ser paulatinamente removida de modo que seamos transformados, pensemos como Dios y veamos las cosas como Él, esto es, en línea con su Palabra.

La primera área en la que debemos cambiar nuestra forma de pensar es con respecto a nuestra identidad o al concepto de nosotros mismos (v.3). Lo que somos siempre precede lo que hacemos. Uno no actúa como lo que en realidad es, sino como uno piensa que es. La segunda área en la que debemos cambiar nuestra forma de pensar es con respecto a nuestra función (v.4). En el Cuerpo de Cristo hay una rica diversidad de dones.

En los versículos 6-8 vemos diferentes oficios repartidos dentro del Cuerpo, según los diferentes dones y la gracia para servir. Toda esta actividad es una evidencia del aspecto práctico del cristianismo, la cual resulta en una sinergia trayendo un efecto multiplicador en el fruto producido para gloria de Dios.

Recomendaciones prácticas

¿Sabía usted que la renovación de nuestras mentes nos prepara para servir a Dios con excelencia? Deje que la Palabra lo transforme y compruebe la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios para su vida. Presente su cuerpo a Dios para servir a la justicia. El espíritu es regenerado, la mente renovada, y el cuerpo presentado.

Ore por:

  • Nosotros, para que descubramos y comprobemos lo que es agradable a Él.
  • La iglesia, para que sus miembros descubran sus dones y sirvan con mayor eficacia.
  • El país, para que cada persona sirva al Dios vivo.

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